Durante años nos dijeron que una buena clave era algo como P@ssw0rd!. Hoy se sabe que es un mal consejo: ese tipo de claves son fáciles de adivinar para un programa y difíciles de recordar para una persona. Lo que más protege es la longitud y la originalidad.
La mejor opción: una frase de contraseña
Combine cuatro o más palabras al azar, sin relación evidente: por ejemplo, tractor-lluvia-naranja-faro. Es larga, fácil de recordar y muy difícil de adivinar.
Reglas prácticas
- Largo mínimo de 12 a 16 caracteres; más en cuentas importantes.
- Una clave distinta por cuenta. Es la regla más importante.
- Genérelas aleatorias con un gestor de contraseñas para todo lo demás.
- Active la verificación en dos pasos como segunda barrera.
Errores comunes
- Usar nombres, fechas o datos personales (mascota, cumpleaños, equipo de fútbol).
- Cambios predecibles: Clave1, Clave2, Clave3.
- Patrones del teclado como qwerty o 123456.
- Repetir la clave en el correo y en otros servicios.
- Anotarlas en un papel pegado al monitor o en un chat.
- Compartirlas por WhatsApp o correo.
¿Cada cuánto cambiarlas?
Hoy se recomienda no cambiarlas sin motivo, porque obliga a elegir claves peores. Cámbielas cuando sospeche que se filtraron, cuando alguien más las conozca o cuando una persona salga de la empresa.
Cómo saber si la suya se filtró
Existen servicios gratuitos que le avisan si su correo apareció en filtraciones conocidas. Si es así, cambie esa clave y las que se le parezcan.
¿Quiere una charla breve de seguridad para su equipo? Solicítela aquí.